Los cuentos de La furia confiesan encantamientos y obsesiones de la autora, que otorga a la imaginación un lugar privilegiado: campo de pruebas y laboratorio del destino de sus personajes.
Los cuentos de La furia confiesan encantamientos y obsesiones de la autora, que otorga a la imaginación un lugar privilegiado: campo de pruebas y laboratorio del destino de sus personajes. No es exagerado afirmar que La furia, publicado por primera vez en 1959, es el libro más ocampesco de su autora, el que inaugura ferozmente su voz narrativa y su universo alucinado. Y esa cualidad se revela desde sus primeras páginas, donde la elegancia casi mitológica de "La liebre dorada" es seguida de un laberíntico monólogo sobre los celos ("La continuación"), y se prolonga en el éxtasis de un enfermo que agoniza en una cama de hospital, feliz de haber escapado de las preocupaciones de la vida cotidiana ("El mal"). Esa variedad de temas y de tonos alcanza uno de sus puntos más altos en "Las fotografías", donde parientes y amigos atormentan con distraída crueldad a una niña lisiada durante su cumpleaños. En estos treinta y cuatro relatos, Silvina Ocampo nos revela la fragilidad de los elementos que componen la realidad o, más modestamente, las apariencias. Lo hace con la precisión visionaria de su prosa, que ilumina con destellos de sabiduría y de humor el oscuro mundo de las pasiones humanas.
«La furia es uno de los libros de cuentos más intensos de la literatura argentina.» Tomás Eloy Martínez
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